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VOTAR EN DEFENSA PROPIA

VOTAR EN DEFENSA PROPIA

La derecha española se ha partido en tres y ha radicalizado su mensaje, exhibiendo estilos impropios de la democracia y pareciéndose cada vez más a una ultraderecha radical, homófoba, ultra liberal y amenazadora del estado del bienestar por su visión individualista de la vida, de los servicios públicos y con un lenguaje que, lejos de la conciliación y del respeto, se acercan mucho más al insulto y a la descalificación del adversario sin argumentos: es la palabra vacía que se llena la boca de improperios.

Ante este panorama, la población debe estar prevenida y defenderse de los posibles ataques y ,ante la más que probable ingobernabilidad, porque el empate entre bloques parece muy posible según el resultado previsto en las encuestas. Vaticinar que, por segunda vez, debamos acudir a las urnas de nuevo, lo cual significaría no ya solo la división del país ideológicamente, si no la más palpable realidad de la incapacidad de los políticos de realizar su trabajo, que es el pacto. Cuando la sociedad impide el pacto, el consenso, el común acuerdo para el bienestar de los ciudadanos, es que la democracia está muy enferma. Tal vez, de ocurrir lo predicho, deberíamos pensar que sería mejor volver a un periodo constituyente que aclarara los procesos y que uniera la sociedad en un proyecto común, que no puede ser otro que el garantizar la igualdad, y el bienestar de la población en los cuatro ejes fundamentales y que han unido en sus proyectos políticos a esas democracias nórdicas que tanto admiramos, como son: la sanidad pública de calidad, la pensiones suficientes para la vida, una educación pública desde el nacimiento y un trabajo que siendo suficiente para vivir dignamente en su remuneración, concilie la vida familia, y, para terminar con un auxilio a la dependencia que garantice la integración en la vida social a todos aquellos que necesitan esta protección.

Ir a votar en defensa propia significa hoy, más que nunca, conseguir un triunfo nítido de las izquierdas frente a ese tripartito derechista que pone en riesgo al feminismo, no sólo como ideología, sino la propia vida de las mujeres en cuestiones como el aborto y la violencia de género. Ir a votar en defensa propia, significa acabar con las legislaciones laborales que han sumergido en las profundidades abismales de la indigencia a la clase trabajadora con contratos temporales, insuficiencia salarial y especulación laboral. No puede tolerarse que quien trabaja no perciba un salario suficiente para llegar a final de mes.

Ir a votar en defensa propia significa hacer que los programas de la izquierda se unifiquen en un proyecto de gobierno que dote a la sanidad de los recursos suficientes para que la atención primaria, la hospitalaria y la suficiencia económica para estos médicos, enfermeras y personal sanitario sea una realidad con una subida de impuestos equitativa. Admirar a Suecia en sus programas sociales está muy bien, pero también deberíamos fijarnos en su sistema impositivo. Si lo aplicáramos en España subiría la recaudación en más de 150.000 m€.

Ir a votar en defensa propia significará, y no es un asunto menor, asegurar las pensiones actuales y futuras con la dotación de recursos suficientes. La Marea Pensionista ya ha propuesto, y desde hace años, dónde residen los recursos necesarios para las pensiones: inversión social a la media europea, cotizaciones, fraude a la Seguridad Social, falsos autónomos, subvenciones, jubilaciones anticipadas, gastos de gestión, pensiones de viudedad y no contributivas etc.

Ir a votar en defensa propia significará defender la democracia, porque ya no se han sonrojado por el uso de eufemismos disfrazadores de la realidad. Proclaman sin rubor alguno el final de la educación, de la sanidad públicas, el recorte de libertades y la vuelta a un estado del que nos libramos combatiéndolo hace ya demasiados años para que ahora se caiga en la tentación de volver a él.

Votar propuestas de izquierda en defensa propia significará resolver la pregunta más acuciante de la actualidad: ¿por qué una democracia puede albergar dentro de sí a quienes la destruirían si llegaran al poder? Porque su amenaza de ilegalización de partidos se parece demasiado a una depuración ideológica de la sociedad y tal perspectiva nos recuerda a tiempos pasados. Y resulta paradójico que quienes pretenden actuar democráticamente la eliminación de sus opositores sea su objetivo político primordial. Unidad de pensamiento, unidad de acción, unidad pero sin diversidad. Las campanas de fascismo repicaron de la misma manera. Quienes oímos esas campanadas, rompimos el badajo ensordecedor para dotar al campanario de más campanas, con sonidos diferentes y que dieran las horas al compás de todas ellas en un carrillón acompasado, no podemos dejar de ser aludidos en esta convocatoria electoral del día 28 de abril.

Votar en defensa propia significará el día 28 otorgar a la ciudadanía la riendas de la dirección democrática del país para resolver, mediante el consenso, la persuasión, el diálogo, el pacto… la problemática real de nuestras vidas y de nuestra dignidad como ciudadanos.

De no ser así, nos arriesgamos a que el futuro más inmediato se llene de nubarrones que pongan en peligro todo aquello que nos ha permitido una igualdad de oportunidades ante la vida, que la crisis mermó, y que ahora, determinados tripartitos quieren perpetuar.

No nos dejemos deslumbrar por los apellidos que se pongan. El liberalismo acentúa la concepción individualista de la sociedad, instaura el darwinismo selectivo, persigue la desigualdad y perpetúa el dominio de una clase sobre todas las demás clases sociales. Un ejemplo de ello es la instauración del mal llamado FACTOR DE SOTENIBILIDAD de las pensiones ligada a la esperanza de vida. Las clases pudientes viven de promedio 15 años más que las clases laborantes; el barrio de Pedralbes-Sarrià vive un promedio mucho mayor que Ciutat Vella.

Votar en defensa propia en las elecciones del 28 de abril significará, no una victoria contra el rival; más bien que la defensa del estado del bienestar podrá consolidarse mejor, más democráticamente, más justamente y con mayor colaboración política de la ciudadanía. A este proyecto deberíamos dedicar todas nuestras fuerzas de convencimiento en nuestras familias, amistades y, en mi caso, lectores.

Prudenci Vidal Marcos

Miembro de La Marea Pensionista

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